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Saber (y/o) Transmitir

5 Dic

“Una cosa es saber y otra saber enseñar

Marco Tulio Cicerón (106 AC-43 AC) Escritor, orador y político romano.

Todo Entrenador (definición muy personal en ““E” de Entrenador”), en su formación y aprendizaje continuo, busca “saber más” para “transmitir mejor”. Resulta obvio que el que más sabe y el que mejor transmite lo que sabe es un Entrenador tan ideal como utópico. Ni en el deporte ni en ningún otro aspecto de la vida se puede saber todo ni transmitir a la perfección todo ese conocimiento. En el extremo contrario, nada se puede transmitir si nada se sabe… ¿o sí? Si “se sabe” mucho… ¿es posible no transmitir nada? De aquí la reflexión: ¿cómo equilibrar saber y transmitir?, ¿es necesario equilibrarlos?, ¿por qué?, ¿cuál debe prevalecer sobre el otro? La mejora del rendimiento a través del conocimiento y la comunicación eficaz. No parece tan sencillo…

“Este Entrenador sabe mucho de (Balonc)esto”. ¿Es “esto” una garantía de éxito? Parece claro que no. ¿Se puede saber “demasiado”? ¿Cómo afecta saber “demasiado” a la hora de trasmitir? Un conocido Entrenador confesaba en una de sus charlas que su principal problema era ese, que sabía “demasiado”, basando su autocrítica en la creencia de que no había sabido seleccionar la información a la hora de transmitirla a sus jugadores. Parece entonces que “saber demasiado” incluye no saber algo: seleccionar y transmitir. En otra formación a la que asistí, una persona de gran impacto en mi vida presentaba a un maestro del Baloncesto como alguien que “ha llenado el vaso del conocimiento y ahora ya está en la etapa de sabiduría, ya que ha logrado desprenderse de lo accesorio”. Interesante reflexión: saberlo “todo” para poder tener la capacidad de elegir lo importante y crecer desde ahí, transmitir desde la sabiduría. El fin del proceso, la inteligencia intuitiva, que nada tiene que ver con improvisar, la intuición como final del camino, no como punto de partida. ¿Cuánta música ha de saber un trompetista de jazz para reunirse con un saxofonista y un pianista e “improvisar” una Jam Session?

En el recomendable The Inside Game, de Wayne Embry, este relata la huella que le dejó el mítico Red Auerbach. Según todos los que le conocieron, Auerbach no era el mejor a nivel de conocimientos técnicos o tácticos, pero transmitía un liderazgo que permitía liberar todo el potencial de los jugadores y conseguía que el todo, el Equipo, rindiese por encima de las partes, los jugadores que lo componían. Sí, la famosa química. Auerbach parecía conectar con las necesidades de cada jugador, sabía cómo pulsar las teclas adecuadas, era un gran motivador y su gestión del grupo marcaba la diferencia. Dicen lo mismo de Phil Jackson y qué decir del maestro John Wooden, su huella transciende el deporte. Parece clave en sus trayectorias que “sabían”, pero, sobre todo, “sabían transmitir” y sacar el máximo partido de lo que sabían.

Se dice que los jugadores de mucho talento valoran más a un Entrenador que los comprenda y les haga sentir cómodos por encima de sus conocimientos, mientras los jugadores menos talentosos, esos que llevan colgada la etiqueta de “jugador de equipo”, prefieren un Entrenador que sepa mucho y les ayude a mejorar. ¿Puede ser el mismo Entrenador para ambos casos? Con esta teoría, “saber demasiado” puede ser un problema si se coarta el talento de los jugadores o si estos no tienen capacidad para llevar a la práctica los conocimientos del Entrenador, pero… ¿si no sabe suficiente? En una apasionante conversación entre el Entrenador Jordi Juste y el maestro Xavi García, este respondía al planteamiento de “mucha libertad para el talento individual” con una extraordinaria reflexión:”La libertad viene de saber más o de saber menos? Si es de saber más, bien, porque en cualquier momento tomas el mando…”. Pero… ¿cuánto es suficiente?, ¿cuánto es “demasiado”?

En las categorías de formación, en las categorías de base (de “básicas”, ¿no?) el perfil del Entrenador que sabe “demasiado” también puede ser un problema si trata de lucir todo lo que sabe antes de tiempo y no se sabe adaptar al nivel de los jugadores, pero saber más de lo que se enseña a esos niveles puede resultar clave si ese Entrenador puede visualizar lo que el equipo y el jugador de proyección necesita en cada momento para dar el salto, para estar capacitado para competir no solo en cada etapa sino en la élite. De ahí la importancia de los maestros y los grandes conocedores del juego en estas y en todas las etapas (Félix Bañobre: Entrenador, es un gran ejemplo de lo comentado). ¿Puede un entrenador ayudar a crecer a un  jugador si sabe “poco”? No hablamos de transmitir pasión por el juego, valores, espíritu de equipo…eso es imprescindible independientemente del nivel de conocimiento que se tenga. Hablamos de cómo ayudar a un jugador y a un equipo a mejorar su juego, hablamos del método de enseñanza y, lo que es más importante, del proceso de aprendizaje.

Transmitir todo lo que se sabe no parece tan importante como seleccionar cómo y qué transmitir de entre lo que se sabe. Transmitir desde la emoción, desde la autenticidad, desde la empatía también es sin duda imprescindible como conexión y vínculo con el Equipo. Transmitir desde ahí complementa y equilibra el conocimiento. Liderar desde ahí: creo que ese es uno de los mayores retos del Entrenador.

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Oλυμπιακός Invictus, por Diego García

13 Jun

En atodapista28x15 nos solemos centrar en lo tangible, en lo concreto. Hoy, un mes después de la consecución de la Euroliga por parte de Olympiacos en un final inolvidable, nos adentramos en el apasionante mundo de la faceta mental, punto clave para poder obtener el máximo rendimiento de nuestro potencial. El trabajo en equipo, que a todos los entrenadores nos apasiona, tiene aquí profundas raíces, destila valores y actitudes a conseguir, fundamentales para el éxito del colectivo.

Para ello, contamos con la colaboración de Diego García, ex jugador de baloncesto, entrenador y amigo. Diego es licenciado en Psicología por la Universidad de Oviedo, con Master en “Psicología del Deporte y de la Actividad Física” y obtuvo el premio “Isabel Blanco” al mejor trabajo de Psicología aplicado al deporte, por la UNED en 2009. Asimismo, colabora con la Federación Asturiana de Baloncesto (FBPA) en cursos de formación de entrenadores.  Amante del baloncesto y de la importancia del aprendizaje y la cohesión grupal, se forma continuamente para a su vez poder formar a los demás. De su entrega y generosidad podemos aprender en esta entrada:

Tras una reducción drástica de su presupuesto y la salida de las grandes figuras del equipo, la temporada se presentaba austera para Olympiacos, en todos los sentidos.

Hay una serie de variables que han marcado la presencia del equipo en la F4:

  • Eliminar Montepaschi =Presencia en F4 = éxito por sí mismo = jugar sin presión.
  • Acostumbrados toda la temporada a trabajar al 100% cada partido, toda la plantilla. Gran esfuerzo y cohesión grupal.
  • Conocimiento de sus posibilidades: recursos y limitaciones. Gran confianza de grupo.
  • Roles bien definidos y asumidos por los integrantes de la plantilla.
  • Equipo bien estructurado: Spanoulis líder solidario.

Podemos ejemplificar esto último en una serie de jugadores:

  • Spanoulis: auténtico líder. Resuelve, pero también genera para los demás, da confianza y seguridad al resto de compañeros.
  • Papanikolau: ambición. Excelente bajo presión, aporta agresividad y energía a los demás.
  • Mantzaris: gran papel defensivo, ejemplifica el trabajo en equipo, el esfuerzo.
  • Keselj: de gran promesa a aceptar un rol secundario. El colectivo por encima de las individualidades.
  • Dorsey: de reemplazo en Caja Laboral a identificación con el nuevo equipo. Rápida adaptación para un rol principal. Carácter e intimidación.
  • Printezis: tras temporadas grises como supuesto líder, se encuentra cómodo sin asumir toda la responsabilidad, ha recuperado la autoconfianza.

Comentamos ahora los momentos cruciales del partido final.

Perdiendo prácticamente por 20 puntos a finales del 3er cuarto, Ivkovic decide mandar al banquillo al líder del equipo, Spanoulis, y a otro de los puntales ofensivos, Papanikolau. Otorga toda la responsabilidad a los secundarios del equipo, los que ejemplifican la dureza, el sacrificio, el trabajo en equipo, con Mantzaris ejerciendo de líder defensivo. A pesar de los errores y el resultado, no abandonan el plan previsto, aumentan la agresividad defensiva y consiguen reducir la desventaja. Gran persistencia.

Tras la vuelta de Papanikolau y, sobretodo, Spanoulis, el equipo gana en confianza. El equipo juega con seguridad, cometen errores, pero siguen adelante. Tienen una gran cohesión, como se puede observar en cada celebración de algún robo de balón, falta o canasta. Tienen una muy buena comunicación entre ellos, con continuas muestras de afecto.

Los últimos minutos son un ejemplo de la diferente respuesta bajo presión de ambos equipos. Olympiacos muy agresivo, con gran confianza y concentración, jugando con la misma estructura, sin grandes cambios a pesar de los errores. Muy cohesionados, cada acción es celebrada y recompensada por los compañeros. Un buen ejemplo de todo esto es Papanikolau, que incluso hizo el mejor partido del año en la final, y con gran protagonismo en los minutos finales.

En cambio, CSKA con pérdida de concentración, ejemplificado en pérdidas de balón y precipitación en momentos cruciales, con jugadores intentando solucionar de manera individual.

Vemos el último minuto de partido, a través del nuevo prisma de ver los estados de ánimo, la confianza, la unión, el deseo, el lenguaje no verbal…

La celebración de todo el equipo griego unido al final refleja todo esto que hemos comentado.